Nueve meditaciones budistas sobre la muerte

Las nueve meditaciones o razonamientos que se presentan a continuación son una base segura para sanar nuestro miedo a morir. Estas meditaciones representan una estrategia mental y espiritual que permite, paso a paso, incrementar nuestra conciencia sobre la muerte.

Dentro de esta práctica, debemos comprender que hay tres raíces o fundamentos, cada una de las cuales contiene una convicción y tres razonamientos. Cada uno de estos razonamientos se puede desarrollar como una meditación, o se puede razonar sobre ellos, a fin de llegar, por uno mismo a comprobar la veracidad de cada raíz.

El objetivo final de esta práctica no es realizar una aproximación morbosa al hecho de morir ni deprimir el ánimo. Antes al contrario, esta práctica es una herramienta muy útil para incrementar la consciencia y, por ese camino, acrecentar nuestro deseo de vivir. Siendo conscientes de la inevitabilidad de la muerte, comenzamos a aprovechar al máximo cada instante y cada experiencia, ya que la vida se define a través de la muerte y viceversa.

Por otra parte, aquellas personas que crean en la reencarnación o en la existencia de una vida posterior, sentirán, tras esta práctica, un doble beneficio: para la vida presente y la futura.

1ª raíz. La muerte es segura

1. No hay forma de escapar de la muerte, nadie lo ha conseguido y ninguno de nosotros estará con vida de aquí a cien años. Ninguna de las personas que amamos escapará de la muerte.

2. La vida tiene un límite definido, que no podemos cambiar. Cada segundo que pasa estamos más cerca de ese límite. No podemos dar marcha atrás al reloj, sólo nos queda mirar hacia delante.

3. Todo lo que nos separa de ese momento final es una respiración, un latido del corazón. La muerte viene en un instante y generalmente no avisa. Da igual si hemos aprovechado la vida o no.

Convicción. Es preciso seguir un camino de consciencia y elevar nuestras potencialidades a través del desarrollo de cualidades mentales positivas y abandonando las negativas.

2ª raíz. El momento de la muerte es incierto

4. La duración total de nuestra vida es incierta. A veces, los jóvenes mueren antes que los ancianos y los que tienen salud antes que los enfermos. Nadie sabe cuándo morirá.

5. Hay muchas circunstancias que conducen a la muerte, quizá menos de las que conducen a la vida. Incluso las cosas que nos dan vida, nos la pueden quitar, como alimentos en mal estado o consumidos en exceso, etc. Todas las cosas que nos dan vida requieren esfuerzo, en cambio, morir requiere muy poca energía.

6. El cuerpo humano es bastante frágil y débil, se desgasta con facilidad, sufre enfermedades, accidentes e, inevitablemente, envejece.

Convicción. Hay que desarrollar al máximo nuestro potencial humano, sin dilación.

3ª raíz. Lo único que nos ayuda a la hora de morir es nuestro grado de desarrollo espiritual

7. Todas las posesiones materiales, el dinero, las propiedades, los títulos, los diplomas, la fama, no previenen de la muerte.

8. Los amigos y familiares no pueden prevenir nuestra muerte, ni siquiera nos pueden acompañar. Estamos solos ante ella.

9. Ni siquiera el cuerpo físico nos acompañará, quedará atrás como una prenda de ropa usada y gastada. De nada sirve el apego que tengamos por él.

Convicción. El potencial interno debe ser desarrollado con la mayor pureza, evitando un excesivo apego a objetos materiales que se desvanecen. Los objetos materiales y el cuerpo son útiles en este mundo, pero no debemos valorar la vida a través de ellos.

© Octavio Déniz