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Cómo funciona la Astrología (3) – La astrología simbolista

Dos direcciones

Cuando un paradigma, es decir, una explicación de la realidad, se vuelve universal, tiende a suprimir toda explicación alternativa, hasta el punto de que el paradigma dominante se confunde con una verdad absoluta, capaz de explicarlo todo. Actualmente vivimos completamente sumergidos en el mar del cientifismo y esto nos impide sacar la cabeza a la superficie para ver que hay otras explicaciones, otras verdades posibles. Estas explicaciones no se oponen a la ciencia, ni a sus logros más positivos, sino que la complementan y amplían nuestra visión.

Así, más allá de las pretensiones cientifistas de la astrología cosmobiológica, la astrología tuvo que volver sus ojos a lo esencial de su doctrina, el símbolo. Porque la realidad simbólica tiene un papel fundamental en nuestra vida psíquica, que es, al fin y al cabo, uno de los principales motores de nuestros actos. Podemos entender el símbolo como la expresión de un concepto que posee algún profundo significado, no sólo intelectual, sino también emocional.

Así, todos los elementos que maneja la astrología: los planetas, los signos, las casas y los aspectos, pueden ser vistos y comprendidos como símbolos que conectan directamente con nuestras vivencias interiores y que están directamente relacionados con nuestra motivación a la hora de ser como somos y de actuar del modo en que actuamos.

Pero ¿cómo actúa el símbolo? Quizá la mejor manera de entenderlo sea a partir de un sencillo ejemplo. Para un cristiano ferviente, un crucifijo tiene un significado muy profundo, ya que representa el sacrificio de Cristo para redimir los pecados de toda la humanidad. El crucifijo es para esta persona un símbolo, en la medida en que su sentido le afecta en un plano intelectual y emocional. En cambio, un no-cristiano entenderá el significado «intelectual» del crucifijo, pero evidentemente no encontrará en ello ninguna implicación personal ni sentimental.

Los símbolos que usamos en astrología tienen un significado universal, que es independiente de las creencias o la filosofía de cada cual. Por este motivo, la astrología es válida para todas las personas y para todas las culturas, porque se mueve en el terreno de los arquetipos, de los mitos y símbolos básicos que están en las mentes de todos los seres humanos. Porque del mismo modo que existe un inconsciente personal, existe también un inconsciente colectivo que es patrimonio de toda la humanidad.

Para la astrología simbolista, el mundo se asemeja a un ser vivo en el cual todo lo que existe está interconectado. Siguiendo el viejo precepto esotérico de «lo que está arriba es igual a lo que está abajo», todo lo semejante mantiene un cierto tipo de conexión, como los eslabones de una misma cadena. Por lo tanto, cada suceso que se registra en un extremo de la cadena repercute en la totalidad. Nada está aislado y nada de lo que hacemos o dejamos de hacer cae en el vacío o en el olvido.

Así que, dada la complejidad del saber astrológico, no parece que su explicación pueda hallarse en el contexto de la física clásica. La mera idea de que los acontecimientos tengan causas simples e identificables está cada vez más lejos de ser una verdad asumida por todos los sectores del pensamiento y la ciencia modernos.

La psicología humanista, a su vez, evita el determinismo y explica el comportamiento humano a partir de la complejidad de nuestro sustrato mítico y de nuestras aspiraciones espirituales. La conducta humana no se puede reducir a esquemas simplistas del tipo «estímulo-respuesta», sino que debe verse en un contexto más amplio en el que tengan cabida los símbolos más profundos y también aspectos más misteriosos de la realidad como los que analizaremos a continuación.